Keith Chambers construye en su taller de Kentucky (EE.UU.) estos relojes para cuya maquinaria y caja sólo emplea maderas exóticas.
Fabrica los engranajes laminando tres o cuatro tableros de madera maciza con resina epoxi, y fresando los dientes. Para darles un acabado les aplica una mezcla casera hecha a partes iguales de poliuretano, aceite de corte y alcoholes minerales.
En total, para construir un reloj, tiene que fabricar unas 170 de sus 200 piezas. Piezas que tiene que lijar, frotar a mano con piedra pómez y aceite de parafina, antes de proceder a su encerado con cera en pasta.
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